El juez Bruce, Peter simplemente para los amigos, ejerció una tan inaudita presión con sus dedos sobre el vaso de whisky que sostenía entre ellos, que el cristal se quebró por varios sitios a la vez, produciéndole cortaduras que llenaron sus manos de sangre. Pero aquello era tan sólo una reacción muscular que nada tenía que ver con el dominio que ejercía sobre sus sentimientos. Con una frialdad que no concordaba con el acto acabado de realizar se volvió lentamente hacia el hombre recién llegado. —¿Estás seguro de lo que dices, Hurricane? —Sí, patrón, completamente seguro. Higgins y yo estábamos en el establecimiento de Deschanel tomando unas copas, y él, acaso, había bebido más de la cuenta. De pronto comenzó a decir tonterías, a vanagloriarse de haber «suprimido» a varios individuos, que según él, sobraban en Utah, y cuando el francés encargado del mostrador le hizo ver que sus palabras podían resultar peligrosa por la proximidad del sheriff, que bebía también apoyado en la «barra» un poco más allá, rompió en una risotada y dijo que la presencia de Amstrong no le preocupaba en absoluto; que él servía al juez Bruce y se sabía protegido por él, y sin dejar de reír anunció que dentro de muy poco se vería si él era o no un personaje importante en la población, que algo estaba a punto de salir de Eureka en dirección a Lake City y de lo que él se ocuparía personalmente…
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El juez Bruce, Peter simplemente para los amigos, ejerció una tan inaudita presión con sus dedos sobre el vaso de whisky que sostenía entre ellos, que el cristal se quebró por varios sitios a la vez, produciéndole cortaduras que llenaron sus manos de sangre. Pero aquello era tan sólo una reacción muscular que nada tenía que ver con el dominio que ejercía sobre sus sentimientos. Con una frialdad que no concordaba con el acto acabado de realizar se volvió lentamente hacia el hombre recién llegado. —¿Estás seguro de lo que dices, Hurricane? —Sí, patrón, completamente seguro. Higgins y yo estábamos en el establecimiento de Deschanel tomando unas copas, y él, acaso, había bebido más de la cuenta. De pronto comenzó a decir tonterías, a vanagloriarse de haber «suprimido» a varios individuos, que según él, sobraban en Utah, y cuando el francés encargado del mostrador le hizo ver que sus palabras podían resultar peligrosa por la proximidad del sheriff, que bebía también apoyado en la «barra» un poco más allá, rompió en una risotada y dijo que la presencia de Amstrong no le preocupaba en absoluto; que él servía al juez Bruce y se sabía protegido por él, y sin dejar de reír anunció que dentro de muy poco se vería si él era o no un personaje importante en la población, que algo estaba a punto de salir de Eureka en dirección a Lake City y de lo que él se ocuparía personalmente…